jueves, 5 de agosto de 2010

TU AUSENCIA....



Tu ausencia, es el camino de nostalgia donde deambulo cada noche, es el latido de las paredes en mi pecho, es el silencio que me golpea fuerte, tan fuerte que se empoza implacable en los minutos que me faltan por vivir. Paso a paso recorro cada borde, cada ventana, cada espejo, y es que tu risa se pasea en el ambiente sarcástica y se ríe de mí, de mi debilidad hacia tus curvas tan sinuosas y confusas, y es que el pasado pesa demasiado que ya no pueden mis hombros, y el alma se rinde ante un deseo que no encuentra explicación. El tiempo no entiende de corazones, de estrellas y promesas, sólo baila truculento, se desliza suave, sensual y venenoso, y cómo me acuerdo, evoco aquellos minutos en los que viví a plenitud de mis sueños, entre la locura de las puertas y polvo de las cortinas y es que tú no comprendes de tu ausencia, tú no comprendes de mis tribulaciones.

Tu ausencia es tu perfume, es tu chompa verde, son tus botas, mi botella de vino. Tu ausencia es la bruma que siento al no encontrarte cada vez que voy a tu habitación, porque por alguna ingenua razón sigo pensando en que tal vez te encuentre algún día, pero hasta ahora no es así. Aún hay veces, cuando me siento sobre el parqué en medio de aquél vacío, entre el aire tan denso de la soledad, abrazado a mis rodillas te escucho susurrarme algo. Parezco no entenderlo, al voltear no veo a nadie, pero justo cuando estoy apunto de olvidarlo vuelvo a escucharte otra vez y más claro que nunca: «Te extraño» me dices mientras un pedazo filudo de desamparo se me ataja en el pecho gélido, y ya no se hasta cuándo seguiré tentando imaginarios.

No quiero más llamadas, más cafés, más corbatas, no quiero seguir más en el curso “normal” de la vida: “perdónenme, pero aquí me bajo”. Prefiero desnudar mi alma ante ti, y ser completamente vulnerable a tu sensualidad, rendirme en tus brazos cansado, y disfrutar extasiado de aquella paz que sólo tú sabes darme.

Te conocí hace más de diecisiete años, sin imaginar siquiera que hoy serías todas mis razones, que le darías forma a la comisura de mis labios, que todas mis sonrisas se reflejarían en el manantial de tus ojos, y sabes ilusión, no tienes porqué llorar, no hay razón para dejar escapar la nostalgia en tus pupilas, pues siempre habrá de mi, algo que puedas recordar. Evoca los silencios que nunca tuvimos, las pláticas eternas en una ciudad que era sólo para los dos, mis traspiés al bailar, el nerviosismo ante las miradas más profundas, las melodías entre las 2.45 pm y las 3.00 p.m, la tonalidad de la poesía de Benedetti,  el viaje postergado a un pueblo natal donde hay ausencias que marcarán el borde de tus ojos por siempre, los corazones de arena, las fotos viejas pero nuevas, el jueves de sapos, los anillos de promesas, entre tanta suma de momentos que hace hoy que nuestro tiempo juntos sea inolvidable.

Yo siempre estaré aquí, sentado en el mismo lugar, viendo fantasmas, pensando en que nunca te fuiste, sino que vives en mi interior aunque aún no pueda notarlo.

Mi mano está extendida, ¿vendrás hoy por mi?.

miércoles, 30 de junio de 2010

TE ESCRIBO...(ROMPIENDO PROMESAS)


Hola...

Espero que no te sorprenda que te escriba después de que prometí no hacerlo, pero deberás saber que si de romper promesas se trata, créeme, tengo dos maestrías. Quizá el motivo de estas líneas sea esa imperiosa necesidad que tengo de escucharme, de entenderme, de entenderme y escucharme. Porque la escritura es la única terapia que puedo pagar, porque no confío en los psicólogos y en sus estúpidos raciocinios de que la respuesta a todo vacío existencial del ser humano, se encuentra en aquella diminuta caja de pandora llamada “mente”. No señor, a otro perro con ese hueso.

O es que tal vez soy un egoísta, un vil canalla, que te utiliza para desmenuzar sus seudos problemas, para canalizar sus preocupaciones minúsculas, que no son nada que la fuerza de voluntad o un carácter insensible pueda solucionar. Pero siendo como soy, y conociéndome como me conozco, diría que para mí, soy un extraño, un desconocido, una persona que no vi jamás. Debido a ello, considero que la escritura es como un espejo, como un manantial cristalino, en el cual puedo ver a detalle cada uno de los rasgos de mi alma, de mis tantos demonios, que me acechan todo el tiempo y no me dejan descansar.

Puede ser que te este engañando y te escribo porque quiero impresionarte. Porque veo en ti la felicidad de lo desconocido. Porque prefiero refugiarme en la oscuridad de las expectativas, antes que enfrentar la realidad concreta de tu ausencia. Porque quiero sonreír sabiendo que me escuchas, que me lees, mas no que me comprendes. No necesito que me entiendas, porque eso te llevaría a formular juicios sobre mí, y siéndote sincero, hay veces en que ni yo me entiendo. Te escribo por toda esta bruma de sentimientos que tengo dentro, porque te amo, o mejor dicho, porque amo la idea de ti. De que existes, de que estás del otro lado leyendo esto pensando que estoy loco y desquiciado, y pueda que realmente tengas razón.

Porque soy como decía Benedetti: “un triste de vocación alegre”. Es decir, un gris opaco de tonos pintorescos, de sombras felices. Pero sin ti soy como un bohemio sin vino y sin guitarra, un poeta maldito, sin su pluma maldita, una canción sin ritmo y sin sazón, un amor sin caricias, sin besos, sin abrazos, en otras palabras: un amor, sin amor. Te escribo para invitarte a la galería de arte de mi vida, para que camines entre los cuadros de mi tristeza, entre los colores taciturnos de mis tribulaciones, y así puedas entender que la vida será tan buena, en la medida que generemos recuerdos bonitos para evocarla.

Por eso te escribo, porque aunque estés sola en tu habitación, acompañada por el silencio del viento, cuando ya no encuentres consuelo en el llanto, ahí estaré contigo, aunque no me puedas tocar, aunque no me puedas sentir, estaré en cada sonrisa de tus labios, en cada línea de estos versos, en las melodías de mis canciones, en los libros que leí, y así comprenderás que no me fui nunca de tus brazos y que no me iré jamás, porque hacerte feliz es lo único que sé hacer bien.

Christian David Fhon Trigoso

martes, 22 de junio de 2010

TUS RUIDOSOS SILENCIOS....


Muchos dicen que una acción, un gesto o una actitud valen más que mil palabras. Para otros sin embargo, hay palabras que por el sólo hecho de ser pronunciadas, hace que retumben en nuestro subconsciente por mucho más de lo que uno pudiera imaginar, redarguyendo, e inclusive hiriendo nuestra mente de la forma más devastadora. Frases dichas entre dientes, palabras irascibles, camufladas entre una sonrisa hipócrita o una mirada despectiva. Nos acechan todo el tiempo esperando un instante de debilidad, de extrema flaqueza, cuando la sensibilidad está al tope y el corazón a cuestas, sobresaltan sigilosas y nos rodean con su veneno, destruyéndonos sutilmente sin que podamos darnos cuenta a tiempo.

Fuera de ello, personalmente considero que más que las palabras, gestos, o actitudes que podamos decir o realizar, en algunos casos son los silencios los que pueden ser más determinantes. Las cosas que dejamos de decir, esa inmutación agresiva de los labios, la densidad implacable del aire, se desliza, baila en nuestro entorno ante la insatisfacción masiva de una necesidad sin sentido: la necesidad del sonido. Pueden tener una multiplicidad de connotaciones: orgullo, timidez, soberbia, obstinación, ternura, amor, odio, pero siempre chocan en esa pared de viento sólido, sin saber que todo en está vida, toda cuestión se reduce a una sola palabra: confianza. Nos obligan casi imperativamente a ir más allá de lo que puedan denotar las palabras, nos convierten en lectores de los actos.

Contigo aprendí desde muy pequeño, a descifrar el significado de tus silencios, sin ni siquiera cuestionar el por qué de tu reserva gélida, de tu excesiva diplomacia y tu pose displicente a cualquier muestra de cariño: un abrazo, un beso, algunas palabras de ánimo, eran para ti un idioma foráneo, ininteligible, extraño, casi insonoro. Si abrías los labios, emitías algún sonido, cierta oración, aunque no tenga sentido por completo, era una revelación divina. Pese a ello, con el tiempo, me volví un experto en la lectura de tus actitudes, movimientos o acciones. Te seguía sin que tal vez te dieras cuenta, debajo de tu escritorio, en el asiento trasero del auto, hasta algunas veces escondido en las inmediaciones de tu closet, aprendía de ti, de tus sonrisas, de tus gruñidos, de tus lágrimas, de tu lenguaje de inmutación. Mamá siempre decía que eras así porque no habías tenido papá, tal vez fue por eso que cuando apenas tenía cinco años me empeciné en darte cariño, bastaba que te viera en casa y corría hacia ti abrazándote con fuerza. Aun puedo recordar la sorpresa de tu expresión, pareciera que fue ayer cuando apenas podía alcanzar tu cintura con mis brazos. Esas sonrisas solapadas dormirán siempre en los bolsillos de ese saco marrón.

Dicen los psicólogos que para construir una base emocional sólida en nuestros hijos, debemos trabajar en su autoestima. Hacerles sentir que viven bajo ambiente equilibrado, saber que son amados por sus padres, les da la libertad de desarrollar su personalidad de manera plena, sin temor a ser ellos mismos, exploran el mundo a su manera, pues tienen confianza en sus capacidades y virtudes porque son sus padres quienes les brindan esa seguridad dentro del hogar. Mi madre muy devota a este razonamiento, y dotada siempre de aquel inherente instinto maternal que tienen las mujeres, nos adornaba con los más elocuentes elogios, cada mínimo detalle alcanzado por sus hijos, era una hazaña incomparable, pues claro, como los hijos de uno, no es ninguno. Nosotros éramos los más valientes, los más inteligentes, los más guapos, sin entender que somos tan imperfectos como cualquier persona. Hay días en que casi me persuado en creer, que la imperfección es la virtud más valiosa del ser humano. Quizá esta premisa tú la tenías bien en claro desde un inicio, es por eso que callabas, o puede ser que me encuentre errado y sea porque lo que dice mamá, porque no tuviste padre. O tal vez me vuelva a equivocar, y eres mudo porque simplemente tú eres así, o porque se te da la gana de serlo, o porqué te importa un bledo los demás qué sé yo. ¿O es que con tu silencio nos tratas de decir algo?. ¿Existe algún secreto en el viento?. ¿Qué escondes tras tú mirada?. ¿Lo sabes tú siquiera?.
Hay otros días sin embargo, en que ya no le encuentro razones.

Sea porque lo que fuere - y créeme esta vez-, no me importa. Tus razones son para mí por demás innecesarias. Sólo necesito hoy de ti, que te sientes a mi lado, y seas mi papá. Claro, deberás cumplir al extremo con todo lo que esa palabra connota. Quiero reír con tus bromas tontas, perderme en el tiempo tras una buena plática. Quiero que me cuentes tus locuras de joven, que me hables de mujeres, de la vida, de tu bohemia – si porque eso lo heredé de ti -, quiero que me hables de sexo, quiero que me hables de amor, quiero que me enseñes a pedir perdón. Quiero que me enseñes a comer helado, porque aun en mí ya tardía juventud todavía no aprendo, quiero que me hables de tu familia, pues realmente no conozco a nadie porque según tú no vale la pena tenerlos cerca. Quiero que me hables de ti, de tus errores, de tus aciertos, y de tus aun no tan aciertos.

Pues puede ser que esta secuencia de imágenes llamada vida, no sea más que un viaje ingrato, ajeno, que no conoce de sentimientos, de anhelos, ni de sueños. Que no sabe por lo que morimos y por lo que daríamos más de una de una vida de las que nos quedan. No quiero que llegue el día papá, en que vuelva a mirar las palmas de mis manos, tan arrugadas y delineadas como las tuyas, y sienta nuevamente este vuelco en el corazón, este vértigo de melancolía, que es saber que aun estás a mi lado, que dormimos en el mismo techo todos los días, pero pareciera que nunca te conocí…..
¡Felíz día Papá!...



domingo, 9 de mayo de 2010

MIS BENDITOS GENES...


Mis benditos genes…

Una de las primeras cosas que suelo hacer al despertar es mirarme al espejo. Me lavo, me visto, me peino, vigilo cada detalle, preparando mi cuerpo para la ceremoniosa ruleta de circunstancias que llamamos rutina. Quizá será por esa frívola vanidad inherente en la juventud – secundaria juventud en mi caso – que es casi inevitable dejar de contemplar aquellos rasgos físicos que la mayoría de nosotros solemos llamar “defectos”. La forma del rostro, la contextura del abdomen, el perfil griego, la sinuosa carretera de los dientes, suelen ser detalles que la genética amablemente se encarga de plasmar en nuestra figura generación tras generación. Para muchos sin embargo, todo esto constituye una de las más truculentas profanaciones a la estética, un fatalismo del azar, una calamidad para la belleza. No me siento ajeno, por el contrario más que involucrado, pues es frente al espejo cada mañana al verme en ese rectangular cristal, cuando refrendo mis inseguridades, mis tontos complejillos, y alguna innecesaria ínfula que nunca falta. Para los que me conocen saben que no soy un adonis, ni menos un atractivo semental, en fin, digamos que mi atractivo físico no ocupa los primeros lugares dentro de mis virtudes: las precipitaciones de mi piel, mi ceguera descomunal, la forma de mi nariz, mi tendencia a la obesidad, son evidencias claras de que no poseo los genes de un modelo de portada.

Pero lejos de estas falsas “imprecisiones” de la naturaleza, que no son más que estúpidas cuestiones superficiales, al acercarme…. al acercarme realmente, y ver más allá de mi reflejo en aquel cristal, logro poco a poco reconocerte en mi, en esas falsas “imprecisiones” que de imprecisas no tienen nada, sino que por el contrario configuran el ágape más glamoroso de tu presencia en mi. Porque así logro comprender que nunca podrás apartarte de mi ser, que jamás podré olvidarte siquiera por un minuto, pues soy de tu marca registrada y te llevaré conmigo donde vaya.

Sé que por cuestiones seculares cuelgo inconscientemente mi atención a distancias muy marcadas de tus preocupaciones, que el afán, el estrés, y aquella secuencia de imágenes que me ata a mis obligaciones profesionales, nos alejan, nos hacen hablar en idiomas distintos, o simplemente nos callan. Por eso hoy, quiero reafirmarte mis sentimientos, confesarte que tengo miedo, que estoy aterrado hasta los huesos, que cada día es una lucha por vencer, en una guerra a la cual no le termino de ver el sentido. Que antes de hundirme en el hermético claustro de mis deseos, prefiero perderme entre tus brazos, dormir con el narcótico de tus besos y sentirme protegido al comprender que después de todo lo que has vivido por nosotros, te colmas de felicidad plena y llenas tu pecho de orgullo por haber cumplido la labor más heroica de la vida: SER MADRE.

Gracias por mostrarme el significado del amor, por cuidarme desde pequeño y soportarme cada día que pasa, y sobre todo por enseñarme que no existe refugio más cálido que los abrazos de una madre. Tal vez nunca logre comprender muchas de las cosas que hiciste, sin embargo sin cuestionar cada una de tus tribulaciones me aferro a ti como tu hijo, como el que dices es tu única felicidad.

Aquí tienes mamá, más tarde que temprano, una muestra de cariño que viniendo de mí, es toda una hazaña, por lo complicado que a veces suelo ser. Sé que no es un poema como querías, pero espero que sirva de algo. Feliz día.






domingo, 14 de febrero de 2010

DESIERTO DE AMOR


El cielo arde,
el aire calienta el alba,
no puedo respirar,
pues mis latidos no son de amor.
Lágrimas mezcladas con sudor,
resbalan por tu espalda vencida
llegan al pudor que no conocí
al erotismo que no viví.

Perdición ajena será,
las inescrupulosas escenas de tu desamparo.
No conozco el amor,
un infierno más de Dante,
la prisión sinuosa de Baudelaire,
conozco desolación, melancolía y decepción
de este lúgubre desierto de perdición .

En esta desorientada secuencia de imágenes,
que solemos llamar “vida”,
tú solías ser el único sentido a seguir,
la única estrella brillando en el cielo,

Ahora siento tus pisadas en el alma,
desayuno con tu recuerdo todas las madrugadas,
almuerzo con tu mirada todas las noches,
ceno con tu risa todas las mañanas,
y es una pasión tan despasionada.


CHRISTIAN DAVID FHON TRIGOSO

sábado, 9 de enero de 2010

LOS SUEÑOS NO CUENTAN


Eres sueño,
eres fuego, eres vida,
eres idealización.
Te miro,
te siento,
te sueño, te amo.

Tocas mis albas con tus ojos dormidos,
besas mis vidas con tus labios ya secos,
susurras ilusiones que ya no cuentan,
sueños que ya no cuentan.

El vino resbala en el suelo,
una noche más que no estás.
Pues quiero estar en los minutos,
en las horas, en las vidas
que te quedan,
que me quedan.

El silencio imparte demasiado,
las palabras que no dijimos,
los amores que no vivimos.
Tu mirada profunda yace dormida en mi pecho,
¿es que acaso aún no me conoces del todo?
No lo dudes más y bésame.
Devuélveme la vida que te di.


CHRISTIAN DAVID FHON TRIGOSO