jueves, 12 de febrero de 2015

CAFE POR LA TARDE



De alguna forma creo estás aquí,
ostentando mis pensamientos,
cambiando la rutina, 
aletargando el tiempo.
Una de estas tardes,
que no se tan lineal...tan ausente,
pueda que finalmente,
endulces mi café,
me ates los zapatos 
y nos salves del azar.

Pues hoy,
yo quiero los colores, 
quiero los lamentos,
quiero tu sombra de arco iris en mi cabeza.
Quiero los senderos y quiero los árboles,
quiero tu luz de sol a través de mis hojas.

Y así de pronto…casi sin notarlo,
en este mundo en blanco y negro,
volveré a caminar entre toda esa gente,
esperando que esta vez,
pueda reconocerme en tus ojos,
y sea tu mirada,
la que cambie mi estación.


Christian Fhon Trigoso. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

CAPÍTULO DEL LIBRO QUE NUNCA TERMINARÉ



En los días siguientes pasé bastante tiempo en la oficina. Todo el personal del diario trabajaba duro para el suplemento especial de fin de año. Cada sección organizaba su información, la depuraba y clasificaba para sólo consignar las noticias más resaltantes. Mi inspiración andaba nublada todavía, así que era claro que aún no había redactado nada significativo para el concurso. El estrés subía como espuma, pero trataba de controlar mi desesperación con un estoicismo admirable.

Por aquellos días el Dr. Madison andaba con un humor extraño. Sentado en su sillón, sólo levantaba su brazo para señalar alguna cosa que necesitaba. Casi no hablaba. Sólo daba órdenes: «Esteban, café», «Esteban, remite estos oficios», «Esteban, arregla este texto», faltaba únicamente que me diga: «Esteban, lústrame los zapatos», ponerme corbata michi y delantal para ser su mayordomo a tiempo completo.  Una mañana en la que llegué bastante temprano, lo encontré con una botella de Jack Daniel´s, la corbata suelta, unas ojeras que más parecían moretones, el cabello grasoso y con la mirada absorta, neutra, hipnotizada en la pantalla de la computadora. Cuando entré a la oficina ni siquiera se inmutó, bebía tragos gruesos de whisky como si fuera agua. No me respondió el saludo. Como hacía algunos días que tenía ese patrón de comportamiento, preferí ignorarlo. Sacó un cigarrillo del bolsillo de su camisa e intentó prenderlo mientras sostenía el vaso con una mano. De pronto el encendedor resbala  y cae al suelo. Al levantarlo su brazo choca fuerte con el borde del escritorio y escucho el sonido del vidrio explotar en el suelo. El líquido color ámbar se desliza sobre el parqué, zigzaguea suave hasta llegar a mis pies. 

-  ¡Carajo!.
- Doctor, ¿está bien? – dije acercándome a recoger los pedazos de vidrio con un papel.
- No hagas eso, llamaré a Charlie para que venga a limpiar.

Cogió el teléfono. Llamó a una de las recepcionistas solicitando que viniera alguien del personal de limpieza. Colgó con fuerza. Bajó la mirada frustrada hacia el suelo apoyando un codo sobre el escritorio. Se llevó una mano al rostro en mitad de un hondo suspiro. Me acerqué a él. Aún sentado al otro lado del escritorio podía percibir el olor a alcohol. Verlo así era completamente inusual y nuevo para mí. Siempre lo había idealizado como una persona inquebrantable, sosegada, sólida, un modelo a seguir no sólo en las parcelas de la intelectualidad sino además como persona, como individuo, como la consagración de cualidades que me sentía muy ajeno de tener pero que sin embargo admiraba con suma devoción. Él había sabido suplir las deficiencias de mi padre en tan poco tiempo. Era como mi papá postizo. Aunque era mamá quién ya no estaba con nosotros.

- Freddy.
- ...
¡Freddy!.– recién me observó con la vista posesa por alguno de los innumerables demonios de la desolación-. ¿Qué pasa contigo?.
Botó un ligero chasquido sonriendo sátiro.
¿Qué pasa conmigo?. -  se acomodó la corbata -  ¿Cómo qué pasa conmigo?.
- Si, qué pasa contigo. No hablas, no comes, no duermes. Estás como ido, afligido, acongojado, muerto. Vives en el trabajo, traes la misma ropa de hace dos días, no eres ni la sombra de ti mismo.
- Es una mezcla pringosa de circunstancias, que me abate, que me destruye, que me marea como una espiral. 
- Pero, ¿qué pasó?, ¿qué ha sucedido?.
- Verónica me botó de la casa hace unos días. Cree que la engaño con otra mujer.
- Pero qué, ¿eso es cierto?.
- Creo que eso es lo de menos. – tomó una bocanada de aire -. A estas alturas ya ni siquiera importa si es una persona en si, determinada.
- No entiendo, ¿acaso le vas  a poner los cuernos con un fantasma?.

En ese instante apretó los labios. Lo que dije lo puso nervioso, sorprendido, pues como quién no quiere, había adivinado quizá exactamente lo que estaba sucediendo.
- Créeme, - me dijo clavándome los ojos atiborrados – hay veces en que los deberes de la nostalgia son más implacables que los de la costumbre.

Luego de eso, hablo sin parar durante algunos minutos. Sólo me limité a escuchar aunque muchas de sus ideas me dejaron anonadado, pero no por su contenido, sino porque salían de él, de su ser, muy disímil al que me había obligado inconscientemente a alucinar. Ahora sonaba más propenso, más errático, más humano. Me habló de su juventud, del vigor que ahora ya no sentía, del trabajo, del matrimonio, de la felicidad. Del cómo había conocido a una mujer que había llenado todas sus expectativas de manera plena, pero que la había perdido hacía mucho y para siempre. Nunca había podido superarlo, y ahora, al estar en los tres cuartos de su vida, dormía con una completa desconocida, una mujer que se le había sido asignada al azar bajo las circunstancias de una vida que era un escarnio en si misma. Una mujer que lo repudiaba, una mujer que frustraba sus aspiraciones como escritor, que le impedía compartir sus logros literarios porque éstos no tenían sentido. Una mujer que lo abordó en un momento de extrema flaqueza, cuando se encontraba moribundo y malherido,  por una súbita ausencia cuyas cicatrices no terminarían de suturar nunca.  Una mujer que simplemente no era como ella, que no era ella.

Después me habló sobre el trabajo, ametrallándome con estas palabras:

-   …… Y luego, después de tantas horas, minutos, segundos, microsegundos, llegas a la conclusión insomne de que eres un esclavo y dejas de pensar. Pero qué, ¿esclavo de tus sueños?, ¿de tus aspiraciones?, pues no, claro que no. Esclavo de esa irracional secuencia de imágenes, dedos índices, corbatas, apretones de manos, sonrisas hipócritas, pantallas de computador, cafés cortados, críticas literarias, índices de ventas, estados financieros, y entras indefectiblemente en rigor mortis. En ese trance tu cuerpo ya no conoce de enfermedades, calendarios, compromisos, cumpleaños, denuncias por calumnias, injurias o difamación. Tu cuerpo se mueve por inercia, por inadvertencia de la desgracia en que está inmerso. “Trabajas”, pero ya no sabes ni siquiera para quién o para qué, en tu mente sólo está la cuenta del teléfono, la matrícula escolar, las tarjetas de crédito, los compromisos con el Club, los recibos de luz, y entre tantas obligaciones que no terminas de razonar en porqué mierda las asumes. No, es que la fiesta debe continuar, la máquina no puede parar, la función está por comenzar. El compartir de tus logros ya no es la llenura de tu alma, sino que el resultado superficial de ellos, son la materialización de tu esclavitud. No eres feliz, ¿quién lo es después de todo?.

- Nadie en realidad…
- O dónde está por último.
- ¿Qué cosa?. ¿La felicidad?
- Exacto.
- Mmm, dicen que la única felicidad que existe es la que se comparte.
- Es irónico ahora que lo mencionas. – suspiró – Conocí a una persona que solía decir lo mismo, así exacto como tú lo dijiste.
- Mi madre decía eso todo el tiempo. 
- ¿Así?.– dijo ingenuo-. Discúlpame, pero tú no estabas muy pequeño cuando ella…
- Si, bueno.– interrumpí-. En realidad mi papá me comentó eso sobre ella.
- Víctor… ¿verdad?. ¿Cómo está él?.
- Ha estado mejor. Por ahora tiene un problema con la bebida.
- Bueno, creo que todos los bohemios lo tenemos. – acotó  llevándose otra vez una mano hacia la frente, frunciendo el ceño y apretando los dientes – ¡Dios, mi cabeza!.
- Eso debe doler. ¿Necesitas algo?.
- Si, creo que un par de aspirinas me serían muy útiles.
- Voy por ellas.
- ¡Espera!. – me detuvo.

Abrió el cajón derecho de su escritorio, del cual extrajo dos tarjetas de color azul, parecían invitaciones.
- Espera muchacho, esto es para ti.
- ¿Qué es esto?.
- Bueno, el diario ha organizado una fiesta de fin de año. Y ya que estás con nosotros un poco más de doce meses, y que este tipo de celebraciones se te ha sido un tanto esquiva, le pedí  un par de invitaciones extras al jefe de personal.
- Vaya sorpresa. Y cuándo es esto, ¿el mismo treinta y uno?.
- Así es. Será en el Club de Golf de San Isidro y lo mejor de todo es que podrás  llevar a una pareja especial para esa noche.

«¿Lo mejor de todo?», pensé. No sabía el problema que acababa de ocasionarme.

viernes, 21 de junio de 2013

PESADILLAS


Pragmatismo volátil,

mata una esperanza que se yergue en mi pecho,

muere lento y voy,

dando tumbos en mi sangre.

El hombre mata,

el hombre destruye,

soy carne de presidio,

agonizante fuego de carroña.

Endúlzate en mi desgracia,

que sólo tengo una vida que dar,

y sueños…muchos sueños que perder.

Por algún tiempo creí,

por algún tiempo soñé,

por algún tiempo amé,

y hoy no soy más que un espectro de mi mismo,

cadáver aletargado que yace en un desierto de polución.

A veces quisiera,

no tener esta esencia,

no captar al mundo con mi corazón,

y así no sentir,

no compadecerme, no dudar,

y sólo naufragar en mis deseos de refugio,

de un puerto sublime, de un mañana mejor,

que sabemos que no existe.

CHRISTIAN DAVID FHON TRIGOSO

martes, 18 de septiembre de 2012

CREPÚSCULO INVERSO



Alarma retumbante,

sueños que mueren,

en un drástico despertar del alba.

Tus ojos borrosos de neblina,

ven perderse una espalda tras el umbral,

mientras yo me pregunto una vez más,

si existe otro descanso,

que no sea el de tus brazos.

El letargo termina y amaneces en ausencias,

el aire denso … el espacio vacío,

un día que empieza gris

y termina pintoresco en tonalidades azules.



Pero no logro despertar del todo

y me pierdo en la incomprensión

de razonamientos inconclusos.

Quiero fotografiar el júbilo

y hacer que esta cumbre sea eterna,

o que quizá dure más

que las quimeras de mi aliento.



….Vencer la taciturnidad….

del crepúsculo inverso,

ser la utopía del todo y nada a la vez,

escuchar el llamado entre las sombras…

…saber que eres tú,

y que esta mañana…

…voy a descansar.



Christian Fhon Trigoso

lunes, 9 de julio de 2012

LUNA ROJA


Bajé la mirada perdida,

y ahí estabas otra vez.

El mar y su lluvia infinita de diamantes,

mi mente en alta mar lejos…

…muy lejos de todo,

viajando extasiado en lo surreal.

Toco el cielo y caigo en letargos profundos,

me extravío en ti y en tu aire natural.

La luna roja baja

y se apodera de mi.

Quizá no logre precisar nunca,

lo que este efecto marcará en mi pecho,

..es el silencio, es el viento..

y dos espejos del alma,

quiénes verán mi reflejo en este mar,

sabré encontrarme en tus brazos,

podré guiarme en tus pasos,

beberé de tu esencia y seré auténtico.

El ocaso te lleva lejos,

y me regalas un “te quiero” con los ojos.

Sabiendo que no he de retenerte,

me despido de tus constelaciones.

Será en otra vida será…

…quizá..en otro sueño…

quizá…...quizá.

CHRISTIAN DAVID FHON TRIGOSO

domingo, 8 de julio de 2012

AMA LO QUE HACES (Porque TODO es NADA...y NADA es TODO)


No quiero pensar más, hacer cálculos ni fórmulas…resolver teoremas ni descubrir teorías. Estoy cansado, extenuado, abatido por esta marea confusa de imágenes, pantallas de computador, citas agendadas y horas de insomnio. Estos caminos sinuosos de la rutina, del galope marcial de los minutos, enclaustran mis sueños en una prisión de módulos, construida a voluntad de mis pesares. El éxodo es casi una falacia. La vida es el resultado de una ecuación sin sentido. Necesito sustancia, necesito esencia. Es el drástico despertar de cada alba, no me redime. Al pie de la cama volteo y ahí están como todos los días: mi sombrero, mi traje, mi corbata y mi calamidad. Quizá ya adheridos a mi piel, pues el estupor secular ya no atora mi garganta, me encuentro casi habituado a esta danza siniestra de páginas. Todas iguales.


Mucho tiempo he vagado en la ruta de la costumbre, calibrando cada paso, midiendo mis miedos, verificando con la mirada absorta el destino reiterado del día a día. La misma película de siempre. Las mismas caras. Las sombras. Cada tramo preestablecido, cada encuentro pactado, cada sonrisa calculada, las sumas y las restas hechas: mi vida estaba al borde del camino.

Y es así, que en medio de este delirio, cogía mi maleta, sincronizaba el reloj, sujetaba firmemente el paraguas mientras observaba por última vez mi rostro en el espejo. La letanía latente de lo absurdo…. me obligaba implacable a saltar al vacío.

Pero hoy, no me dejaré caer. Hoy seré todo libertad. Necesito irracionalidad, desorden, locura. Quiero caminar a los pies de una laguna, dormir embriagado en la orilla de alguna playa caribeña, correr como un niño entre campos de trigo y caer una y otra vez en lo dorado, en lo azul y en lo verde de la vida. Quiero navegar en alta mar y saltar desde lo más alto, descansar mirando el cielo morado de alguna selva. Caer muerto de cansancio…… por haber bailado tanto, borracho por haber bebido tanto, extasiado por haber amado tanto. Construir momentos a base de despreocupaciones, vivir a plenitud de mis deseos, de lo que realmente me apasiona y me hace ser quién soy.

Sé que muchos justifican su existencia en el ritmo consuetudinario de su rutina. Que al ver las cuentas pagadas, el calendario marcado y los compromisos cumplidos, encuentran la mesura suficiente para dormir, mas no para descansar. Y es que el vivir para ellos, implica el ejercicio constante de letargos mecánicos, consistentes en la concretización de ciertos moldes impuestos socialmente. Así de manera gradual y creciente, nos tornamos en entes sin apasionamientos, sin reflexión, sin lucha, y finalmente sin vida. Nadie dice que lo ordinario sea malo, sino que vivir debe tener una connotación mucho más esencial. ¡VIVIR!, debe ser en verdad eso: ¡VIVIR!, y no sólo eso sino: ¡RESPIRAR!, ¡SOÑAR!, ¡SENTIR!, ¡DISFRUTAR!, y no me refiero a cosas nocivas, sino a aquello que edifica el alma, que nos lleva a amar lo que hacemos porque nos hace sentir más plenos en nuestra condición humana.

La sublimidad que requiero se encuentra en cuestiones mucho más elementales: el mensaje escondido y encontrado tras la lectura de un buen libro, el perfecto resonar de unos acordes acoplados con suma destreza, la seguridad y certeza que te proporciona el conocimiento, el narcótico reflexivo de un vino añejo coludido con una interesante plática, las sonrisas y las miradas de complicidad que endulzan una pieza de baile, los silencios en la intimidad de una pasión, entre tantas otras. No necesito poseer tanto para disfrutar mucho.

Y después de todo. Después de que todo haya pasado ya. Luego que el viento lleve muy lejos las cenizas de mis pesares, me sentaré frente al mar. Despojaré de mi ser, este sombrero, este traje y esta corbata, me extraviaré en mi mismo…hasta volverme encontrar en otros ojos, en otros brazos y en otra alma….

CHRISTIAN DAVID FHON TRIGOSO

jueves, 3 de mayo de 2012

ARBOL




Necesitaba refugio y me senté a tus pies,
a disfrutar tu aire y tu verde tacto.
Como si el tiempo no fuera acabar nunca,
descanso sublime bajo tu sombra,
y es aquí dónde quiero estar.
El por qué y para qué,
siguen su curso irremediable,
yo me quedaré entre tus ramas,
pues tempestades vendrán y tormentas llorarán,
pero si me aferro a ti no es obstinación,
es sosiego, es mesura, es calma,
quizá de la que ya no conozco,
pero que siempre he anhelado entre sueños.
Quiero vivir de tu fruto,
caminar en las grietas del alma,
y ver de qué estás hecha.
Abrazaré la corteza,
y cerraré los ojos…
….saber que existes,
es un consuelo permanente para mi.
Mientras sonrío,
vuelvo a observarte,
….es la paz que tú me das,
y casi sin creerlo,
me quedo dormido otra vez.
CHRISTIAN DAVID FHON TRIGOSO